domingo 6 de noviembre de 2011

Cosas así como el amor.

Hace muchísimo tiempo que no escribo y ya me hacia falta, aunque sólo sea para sacar los atolladeros mentales que no salen en 140 caracteres. He estado muy, muy ocupada; la vida se ha vuelto frenética y han cambiado muchas cosas, resumiendo "estoy jodida y radiante, quizá más lo primero que lo segundo y también viceversa". Ni siquiera sé por donde comenzar a recapitular los últimos meses, no he tenido tiempo para condensar todas las experiencias, digerirlas y asimilarlas. Estoy aquí en Elgin con Ale, y estamos solas, y aprovecho que terminé la tarea y que tengo Internet para sentarme en la mesa de la cocina y mirar por la ventana (el clima ha cambiado ya, 4°C con mucho viento y ni un rayo de sol) y escribir estas letras y pensar un poco en como ha cambiado mi vida y mi propia composición mental-emocional desde la última vez que tomé la pluma o el teclado y vomité las entrañas...como los borrachos las vomitan después de intentar ahogarlas en alcohol. Y el clima se presta a hablar casi en poesía y con nostalgia, como si de verdad yo fuera así de interesante y no fuera de las personas que siempre están estúpidamente sonrientes.


Miro hacia atrás y veo Nuevo México, el interminable viaje, los mandalas, los indios, el volcán; y luego veo California como en un sueño: sus carreteras, sus montañas, su neblina y sobre todo su mar: llorar viendo el Pacífico y mirarlo de frente y mojar los dedos de mis pies en él y sentir que me reencuentro con un viejo amigo, y sentirme tan profundamente bendecida y emocionada que no me queda más que agradecer, estremecerme y llorar un poco más. 


Luego está el incendio, y la serendipia de la vida de devolverme aquéllo que creía perdido. Y las protestas, y las causas nobles, y sentir por un instante que mi vida tiene un propósito más grande y el pay de queso, y aquélla conversación tan trascendental con un extraño que duró tres horas. Y el baile, y el vestido de satín de mariposas, y la manera en que me metí casi a la fuerza en la vida de cierto individuo, o de como lo forcé a él en la mía . Y Halloween, y los extraños disfrazados, y mi forma de querer llenar el vacío de sentirme siempre lejos de todos los que me rodeaban, y sentirme como si nada de lo que hago es suficiente y a pesar de mis esfuerzos continuo sintiéndome como un estorbo. Y aquéllos ojos verdes en los cuáles quiero hundirme, y penetrar sus secretos y que me diga que soy suya y que el es mío, que se queden sus pensamientos en mí de igual manera en que él huele a mí y yo huelo a él cuando nos separamos. Y los ojos que nos ven y nos prohiben y nos juzgan. Es como saltar al vacío con los ojos cerrados, sentir el agua que te rodea y por un momento estar confuso y ser eterno. Apostarlo todo. Esas apuestas de la vida que uno hace, y que ni siquiera sabes si ganaste o perdiste todavía, apuestas que sólo ves el resultado en la retrospectiva que da la muerte. Y las psíquicas, y los viajes en tren, y la lluvia que lo moja todo. Y según las líneas de mis manos, debo concentrarme más en la escuela, y dejar de pensar en como me toma la cara cuando me besa, y que viviré mucho y seré una anciana rara de cabello largo hasta los 85 años, y a lo mejor en ese entonces ya soy algo más sensata, menos dramática y menos intensa. A lo mejor en ese entonces ya haya aprendido algo.

Son también las cosas que te pasan por pendeja, y que quizá algún día les vaya a contar pero quizá no. Cosas así como el amor.

3 comentarios:

DgoBlogger dijo...

Lola, me encanta como escribes! Creo que como escritora te iria muy bien :)!

Mojik! dijo...

bien largo, mejor postea de poco en poco, no mames es como cuando dejas la tarea pal ultimo!, ya me dejaste mucha chamba que leer!! XD

El Compañero. dijo...

Ha estado leyendo a Cortázar ¿verdad?

Saludos.

Atte: Juan Ramón.