Hace muchísimo tiempo que no escribo y ya me hacia falta, aunque sólo sea para sacar los atolladeros mentales que no salen en 140 caracteres. He estado muy, muy ocupada; la vida se ha vuelto frenética y han cambiado muchas cosas, resumiendo "estoy jodida y radiante, quizá más lo primero que lo segundo y también viceversa". Ni siquiera sé por donde comenzar a recapitular los últimos meses, no he tenido tiempo para condensar todas las experiencias, digerirlas y asimilarlas. Estoy aquí en Elgin con Ale, y estamos solas, y aprovecho que terminé la tarea y que tengo Internet para sentarme en la mesa de la cocina y mirar por la ventana (el clima ha cambiado ya, 4°C con mucho viento y ni un rayo de sol) y escribir estas letras y pensar un poco en como ha cambiado mi vida y mi propia composición mental-emocional desde la última vez que tomé la pluma o el teclado y vomité las entrañas...como los borrachos las vomitan después de intentar ahogarlas en alcohol. Y el clima se presta a hablar casi en poesía y con nostalgia, como si de verdad yo fuera así de interesante y no fuera de las personas que siempre están estúpidamente sonrientes.
Miro hacia atrás y veo Nuevo México, el interminable viaje, los mandalas, los indios, el volcán; y luego veo California como en un sueño: sus carreteras, sus montañas, su neblina y sobre todo su mar: llorar viendo el Pacífico y mirarlo de frente y mojar los dedos de mis pies en él y sentir que me reencuentro con un viejo amigo, y sentirme tan profundamente bendecida y emocionada que no me queda más que agradecer, estremecerme y llorar un poco más.
Luego está el incendio, y la serendipia de la vida de devolverme aquéllo que creía perdido. Y las protestas, y las causas nobles, y sentir por un instante que mi vida tiene un propósito más grande y el pay de queso, y aquélla conversación tan trascendental con un extraño que duró tres horas. Y el baile, y el vestido de satín de mariposas, y la manera en que me metí casi a la fuerza en la vida de cierto individuo, o de como lo forcé a él en la mía . Y Halloween, y los extraños disfrazados, y mi forma de querer llenar el vacío de sentirme siempre lejos de todos los que me rodeaban, y sentirme como si nada de lo que hago es suficiente y a pesar de mis esfuerzos continuo sintiéndome como un estorbo. Y aquéllos ojos verdes en los cuáles quiero hundirme, y penetrar sus secretos y que me diga que soy suya y que el es mío, que se queden sus pensamientos en mí de igual manera en que él huele a mí y yo huelo a él cuando nos separamos. Y los ojos que nos ven y nos prohiben y nos juzgan. Es como saltar al vacío con los ojos cerrados, sentir el agua que te rodea y por un momento estar confuso y ser eterno. Apostarlo todo. Esas apuestas de la vida que uno hace, y que ni siquiera sabes si ganaste o perdiste todavía, apuestas que sólo ves el resultado en la retrospectiva que da la muerte. Y las psíquicas, y los viajes en tren, y la lluvia que lo moja todo. Y según las líneas de mis manos, debo concentrarme más en la escuela, y dejar de pensar en como me toma la cara cuando me besa, y que viviré mucho y seré una anciana rara de cabello largo hasta los 85 años, y a lo mejor en ese entonces ya soy algo más sensata, menos dramática y menos intensa. A lo mejor en ese entonces ya haya aprendido algo.
Son también las cosas que te pasan por pendeja, y que quizá algún día les vaya a contar pero quizá no. Cosas así como el amor.



3 comentarios:
Lola, me encanta como escribes! Creo que como escritora te iria muy bien :)!
bien largo, mejor postea de poco en poco, no mames es como cuando dejas la tarea pal ultimo!, ya me dejaste mucha chamba que leer!! XD
Ha estado leyendo a Cortázar ¿verdad?
Saludos.
Atte: Juan Ramón.
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